07 febrero, 2011

In memoriam

El miércoles hará un mes que mi padre y mi tío murieron. Se fueron los dos juntos, sin hacer ruído, sin pre-aviso, juntos como siempre habían estado a pesar de la distancia geográfica que los separaba. Cogidos de la mano.
Cuando estaban juntos todo eran risas, anécdotas, recuerdos de infancia, de adolescencia y luego de juventud, de noviazgo, de hijos, de vacaciones... a veces nosotras les llamábamos el dúo sacapuntas, por que siempre que estaban juntos era todo contar chistes y tonterías de esas que te sacan una sonrisa. Cuando se hicieron mayores (no mucho, ya que han fallecido bastante jóvenes según la esperanza de vida actual) decidieron que no se enfadarían jamás, y así lo hicieron.
Consentían a sus nietos, se llenaban el pecho de orgullo al hablar de sus hijos e hijas, nietos y nietas. Mimaban a sus esposas, las cuidaban, las llenaban de alegría.
Lo echamos mucho de menos, cuando veo a mi hija Claudia riendo, y se le hace ese hoyito en la mejilla, pienso: mira, como papá. O cuando Helena pone esos ojillos de pilla, me acuerdo de cuando nos quería dar alguna sorpresa y no podía aguantarse. Sus ojos delataban lo que venía después.
Mi padre fue un luchador, nos dió valores que quiero creer que hemos asumido como propios. Nos hizo trabajadoras, estudiosas, a llevar la cabeza alta a pesar de las adversidades. Adversidades que él sufrío y que fueron ciertamente muchas en aquellos terribles años de la posguerra, nos enseñó que nuestro patrimonio son nuestros conocimientos, él, que tuvo que aprender a escribir ya de mayor, en casa de un maestro republicano relegado a zapatero durante la dictadura; aprendiendo después de duras jornadas de trabajo en el campo.
Con 18 años se quedó huérfano y tuvo que llevar el mando de una casa, ayudar a su madre y hacer las veces de padre de su hermano que solo tenía 13 años. Si yo, con la edad que tengo, el dolor no me deja dormir por las noches, no quiero pensar qué debieron pasar ellos cuando tan jóvenes se vieron privados de su padre.
Trabajó duro, pero también supo disfrutar de la vida. Cuando se jubiló se reía por que decía que no entendía cómo la gente se deprimía al dejar de trabajar. Y a partir de ese momento no hubo un solo día en el que no hiciera planes. Cuidó de mi madre mientras estuvo enferma durante más de dos largos años, y supo salir airoso: al final cocinaba casi mejor que ella!. Cuando nacieron sus nietos, sus ojos se inundaron de lágrimas de alegría, y siempre estaba dispuesto a ir a buscarlas a la guardería o a llevarlas a la piscina o a quedarse con ellas cuando se ponían enfermas. Nunca tenía un no en la boca para su família, ni para un amigo o un vecino.
Este último verano conseguimos reunirnos las tres hermanas en su casa, en el pueblo. Estaba tan orgulloso de tener a sus tres hijas en su casa, con sus nietos trotando por el patio...
Antes de navidad había hecho un curso de informática y se sorprendía a si mismo cuando hablábamos sobre internet y todo ese mundo que se abrió ante sus ojos. Lo último que hizo fue clases de baile country! le encantaba bailar...
De mi tío, qué puedo decir. Era todo risa, le sacaba un chiste a todo, cuando aparecíamos por el pueblo, no tardaba en aparecer por casa a tomarse una cervecita en el patio, con su hermano. Se volvió al pueblo después de muchos años en Barcelona, pero volvió por que no le gustaba el ruído de la ciudad, quería olivos y campo, sentirse en su medio...
Solo espero que allá donde estén, sean felices, que estén tranquilos y sin sufrir.
In memoriam.

8 comentarios:

greta dijo...

Ánimos guapa, es duro muy duro, yo ya he pasado por eso dos veces por mi padre y por mi madre y casi no pasa día en el que no tenga un momento de recuerdo hacia ellos. Yo tengo la creencia de que mientras vivan en el recuerdo de alguien de una forma o de otra siguen vivos aunque sea en nuestra memoria. Yo hablo muchas veces con mi hija de ellos, recordando y recordándole a ella todas las cosas que nos han enseñado y que son las que han forjado nuestra manera de ser, aunque quizá no seamos conscientes de ello, hasta que llega un día en el que acabas sorprendiéndote cuando te reconoces en ellos en un gesto o una actitud. Petons guapa

Adijirja dijo...

Ay... nena.... no te puedes imaginar cuánto lo siento... Se me han llenado los ojos de lágrimas al leer este post. Mi padre aún vive; a sus 78 añazos yo lo veo joven, pero no dejo de pensar que cada vez nos queda menos tiempo en su compañía.
Debe ser terrible perder a dos seres queridos al mismo tiempo, sin casi oportunidad de recuperarse.
Muchos ánimos. Y abrazos. Y besos.

Belen dijo...

que maco això que has escrit del teu pare lluisa. allà on estigui estarà orgullós de tú, no ho dubtis.
una abraçada i molta força.
petons

Anisor dijo...

Siéntete afortunada de haber tenido un padre tan bueno, y de haber compartido estos años, aunque siempre sean pocos.
Te mando un abrazo fuerte fuerte.

Pushka dijo...

endavanr, segur que n'està molt orgullós allà on sigui amb el seu germà

Montserrat dijo...

Mi hermana es grande, no hay nada que añadir, que todos aqui abajo le echamos mucho de menos, que lo que nos dejo vale su peso en oro, y fueron las ganas de vivir a fondo, la honestidad, el respeto, la palabra, la integridad, la lucha, la sonrisa, las cosas buenas de la vida, y eso no nos lo roba nadie, y eso se lo daremos a nuestros hijos e hijas, te quiero Luisa, eres grande, hermana, muy grande
Montse

Marga dijo...

Mi padre y mi tío nos enseñaron dos cosas -entre muchas otras- muy importantes: alegría de vivir y dignidad. Ellos eran la risa explosiva, la lealtad recíproca, el cigarrillo después del conejo al ajillo en la Guineueta los domingos, el aceite de oliva, Juanito Valderrama, el amor por la tierra, la fascinación por el mar, la actividad continua, el respeto y la admiración por el conocimiento, el pescado con limón al horno, los chatillos de vino y la cerveza fresca en verano, la lucha contra las opresiones, la camaradería, la sordera feliz y consciente, la capacidad de soñar despiertos, la llegada de las ferias, el amor que se demuestra con hechos, no con palabras. La lista es muy, muy larga.

Son tan originales que se han marchado con poesía, qué gran logro para dos hombres con tan poca literatura y tanta vida. En su tierra y juntos.

Laurita dijo...

He leído en un entrañable libro de Albert Espinosa titulado "El mundo amarillo", que cuando alguien se marcha, su vida se reparte en porcentajes entre todos aquellos para quienes fue importante en vida. Con esto te digo que un porcentaje de ellos habita en ti y vive contigo. Ese porcentaje está en lo que te enseñaron, en los momentos que te hicieron vivir y puedes vivirlos cuando quieras en tu imaginación. El dolor es necesario, así como el duelo, pero llega un día en el que se empieza a diluir, y sólo nos queda lo dulce del recuerdo.

Besos.

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