31 enero, 2008

Un día cualquiera...

6,45 de la mañana. Toca el despertador, ese pitido insistente que se mete hasta el tronco cerebral, pero yo hace ya rato que abrí los ojos por culpa de mis cervicales o más bien, por el dolor que me provocan. Un día de estos tengo que cambiar la almohada, y si me lo pienso un poco más, el colchón también.

Voy corriendo al baño, tengo que ser la primera en ducharme, después de bañarme se inicia la espiral de violencia, que hace que parezca Speedy González versión ama-de-casa-con-niñas.

Visto a Claudia que remolonea y que se niega a ponerse los zapatos:
- ¡esos zapatos no! ¡quiero los otros, los de color rosa!
- por favor, Claudia, los rosa son del verano y además ya no te vienen bien, que te has hecho una grandullona - le digo intentando animarla
- Jolines... mami, ¿por qué tenemos que crecer?

¡Glups! a las 7 de la mañana no estoy para preguntas transcendentales, pero una hora después, camino al trabajo, cuando ya estoy tan cansada como si ya fueran las 7 de la tarde, me hago la misma pregunta. ¿Será que tengo una especie de síndrome de Peter Pan? No, me digo a mi misma, me gusta ser mayor, es más, pienso que siempre será mejor cumplir años que no cumplirlos, ¿verdad?

Pero la pregunta de Claudia revolotea en mi mente. Llego a la conclusión de que no deberíamos perder nunca la capacidad de sorprenderse que tenemos de pequeños, ni la de sorpresa, ni la de la curiosidad, ni siquiera, la fragilidad que nos envuelve cuando somos niños.

Crecemos y nos endurecemos, nos agriamos, como la leche caducada, nos llenamos de prejuicios y de mala ostia, nos preocupamos (y con razón) por la hipoteca, por no perder el precario trabajo del cual dependemos, ...

Nos han llenado de problemas, nos venden una vida con piso, coche, vacaciones en Tailandia y no nos dicen que cobraremos mil euros al mes (yendo bien) y que nos depediran en cuanto no seamos rentables o hagan una reestructuración de puestos de trabajo y ¡hala! ¡a la puta calle!. Nos envuelven en mentiras y nos olvidamos de quienes somos.

Punto y seguido en la radio me ponen una de esas canciones de las de antes, que me encantan y no puedo resistir poner a toda pastilla el volumen y cantar a pleno pulmón dentro de mi coche, como una posesa: "I will survive, yeah, yeah!!!" mientras el tío de la garita del parking me mira con cara rara, yo me desgañito cantando. Si señor, esto es empezar el día bien.

2 comentarios:

Laurita dijo...

Tenemos que crecer porque es ley de vida. Sería una aberración que nos quedáramos presos para siempre en determinadas edades...al menos, yo lo pienso, y me da pavor. Todas las edades tienen su encanto, ¿no?, y lo bueno es aprender a apreciar lo que tienen que ofrecernos cada una de ellas...

...claro que, a las 7 A.M. ni más ni menos no está una pa' estas leches...

De todos modos, has tomado la determinación más acertada: CANTAR.

Adijirja dijo...

Esa es mi chica!!! Por si te sirve de consuelo a mi tambien me miran con cara rara en la carretera a las 7:00 a.m. Y... bueno, crecer es inevitable, pero hacernos mayores... eso es otro asunto. Yo creo que es bueno que simpre tengamos un puntillo de la ingenuidad que da la infancia. Perder la vergüenza a hacer cosas porque "está mal visto". Jugar. Bailar. Cantar. Y no sólo en las cuatro paredes de nuestra casa.
Sí, ya sé que estoy un poco "colgada"... :))

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